De la ciencia de hoy, del gozo intelectual y de lo que realmente nos mueve

Por Elena Casacuberta

Randy Sheckman, uno de los premiados con el Nobel del pasado año, empieza un reciente artículo en The Guardian con estas palabras:

“Soy científico. El mío es un mundo profesional en el que se logran grandes cosas para la humanidad. Pero está desfigurado por unos incentivos inadecuados. Los sistemas imperantes de la reputación personal y el ascenso profesional significan que las mayores recompensas a menudo son para los trabajos más llamativos, no para los mejores. Aquellos de nosotros que respondemos a estos incentivos estamos actuando de un modo perfectamente lógico —yo mismo he actuado movido por ellos—, pero no siempre poniendo los intereses de nuestra profesión por encima de todo, por no hablar de los de la humanidad y la sociedad”. (http://www.theguardian.com/profile/randy-schekman).

Se podría ir más lejos en estas reflexiones, añadiendo que estos incentivos inadecuados desvían del proceso genuino de la adquisición de conocimiento científico que culmina, con lo que Jorge Wagensberg denomina, gozo intelectual (El gozo intelectual, Teoría y Práctica de la inteligibilidad y la belleza, Metatemas, Tusquets Editores). El gozo intelectual se podría explicar como, el placer que se experimenta al llegar a la comprensión de una realidad después de hacerse las preguntas adecuadas, establecer una hipótesis, analizar los resultados obtenidos, discutir etc…este placer, es uno de los motores por los que la humanidad tiene curiosidad para conocer, perseverancia para perfeccionar, motivación para crear, en definitiva la base del avance científico, tecnológico y cultural. Sin querer afirmar que los trabajos científicos publicados en revistas de elevado índice de impacto no hayan conducido al gozo intelectual de sus creadores, me gustaría reflexionar un poco sobre las desviaciones que nos rodean con más o menos presión a los científicos actuales y que están nos están alejando peligrosamente de la capacidad de obtener placer por el proceso genuino de adquisición del conocimiento, a la vez que impulsan un tipo de ciencia que tal y como apunta Randy Sheckman, no va en los mejores intereses de la sociedad y la humanidad.

Una de las primeras causas de estas desviaciones es tal y como apunta Randy Sheckman el sistema actual de valoración de los científicos. Hoy en día el potencial de un científico se mide con números, números que responden al número de artículos publicados y sobretodo al índice de impacto de unas pocas revistas. Como prueba de que nosotros mismos, los científicos, ya hemos sucumbido a esta desviación esta el hecho que frecuentemente oímos de nuestros colegas “ Fulanito/a ha publicado un Nature, o un Cell, o un Science o un…”, en lugar de oír;   “ Fulanito/a ha conseguido publicar aquella historia tan bonita, o ha demostrado una hipótesis muy interesante”. Nosotros mismos hemos adoptado el lenguaje y la actitud de que lo importante es dónde se publica y no, qué se publica. La presión por publicar en determinadas revistas determina los temas de estudio, las técnicas utilizadas (ver más abajo), castrando la libertad de investigar aquello que se considera más interesante aunque se venda peor en dichas revistas. Es sabido que las buenas ideas, las más creativas, se promueven con más efectividad con libertad, dejando espacio para la auto-organización y con tiempo suficiente para que la mente pueda divagar. Debido a que nuestras evaluaciones dependen casi exclusivamente de los índices de impacto de las revistas donde publicamos, dependemos de estas publicaciones para conseguir recursos (proyectos financiados), conseguir más espacio y más estudiantes y investigadores para nuestro grupo.

En mi opinión, una segunda desviación a la que el mundo científico esta sometido hoy, es debida al gran avance que la tecnología. Lo que empezó siendo una tecnología que se desarrollaba a la par con las necesidades de la ciencia, ha dado la vuelta, y ahora se hace una ciencia a medida de la biotecnología desarrollada por delante de ésta. Como la inversión tecnológica es muy elevada, es necesario justificar su existencia y se buscan preguntas científicas que justifiquen su uso, diseñando experimentos  a una escala inimaginable hace solo cinco años.  La novedad y sofisticación de este tipo de técnicas hace que sea muy bien vista por las revistas científicas con elevado índice de impacto, haciendo muy probable su publicación en dichas revistas. Este hecho obliga a los grupos por debajo a seguir el mismo camino si se quiere ser valorado, alimentando el circulo vicioso de prestigio, necesidad, moda y valoración positiva. Cómo el origen de estas preguntas no es el puramente científico sino más bien tecnológico, a veces las respuestas que se alcanzan no tienen todo el interés científico que seria necesario y además en ocasiones sus conclusiones se habían obtenido con anterioridad con métodos más rudimentarios, pero más originales e interesantes desde un punto de vista meramente científico. Esta tendencia causa una perdida de libertad y originalidad en los trabajos a favor de la moda y en detrimento de preguntas científicas laterales o alternativas.

Estas dos desviaciones de la ciencia actual han causado que se desconecte el proceso de publicación del de descubrimiento y la curiosidad y la originalidad por la técnica y la moda.

La ciencia no es la única profesión victima de transformaciones profundas que están alterando su esencia. Sin ir más lejos, estos últimos años nos han puesto de manifiesto la distorsión creada por los incentivos económicos desorbitados en el mundo de la banca y de las inmobiliarias. Estas distorsiones han acabado siendo muy nocivas para toda la sociedad. Las distorsiones en la ciencia parecen menos peligrosas porque se podría pensar que  afectan sólo al colectivo de los científicos. No obstante en mi opinión, esto no es así, sino que la manera de hacer ciencia que se esta imponiendo, debido a las razones arriba expuestas, permea tanto; dentro de los laboratorios con la manera que tenemos de enseñar la ciencia a nuestros estudiantes de doctorado, y también, fuera de nuestros centros, en las iniciativas de divulgación y noticias científicas de los medios de comunicación, en ocasiones más basadas en la espectacularidad que en el rigor científico. Este último hecho esta influenciando de manera significativa las políticas científicas actuales, que pocas veces son establecidas por científicos y somos testimonios hoy en día de una brutal disminución  en financiación para la investigación básica a favor de aquellas investigaciones que pueden ser aplicadas en breve. Este tipo de actitudes son realmente peligrosas porque tal y como paso con el estudio del cáncer, la pérdida en investigación básica no ha hecho avanzar la terapia hasta que de nuevo, se ha vuelto a reinvertir en el estudio profundo del problema aunque esto implique unos años largos de aparente no aplicabilidad.

Iniciativas como la de Randy Sheckman hablando claro y exponiendo esta desviación a la que él mismo reconoce haber sucumbido, así como la voluntad de recuperar el interés por las preguntas científicas más genuinas ni que sea para experimentar una vez más el gozo intelectual,  pueden ayudar a cambiar este rumbo que nos presiona y nos empobrece a todos, científicos y sociedad. Esta en nuestras manos, presionar para tener un sistema de evaluación científica más justo, auténtico y diverso.

 

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