Mujeres en la Ciencia: Marie Curie, parte I

Lo que el libro de Rosa Montero “La ridícula idea de no volver a verte” nos dice sobre la relación entre Mujer y Ciencia hoy por hoy.

Por Elena Casacuberta.

En el libro, Rosa Montero describe algunos momentos clave de la vida de Marie Curie, una científica excepcional que es aún hoy la única persona que ha obtenido dos premios Nobel en ciencias.

La escritora investiga a través de algunas de las actuaciones de Marie Curie y de sus comentarios y reflexiones de su propio diario, a la mujer que se esconde detrás de la científica. Leyendo las reflexiones de Rosa Montero acerca de Marie Curie, me doy cuenta que muchas de éstas son muy útiles para hablar de la relación de la mujer y la ciencia hoy por hoy. Utilizo los hashtags (#) que Rosa Montero usa en el libro para ilustrar algunos puntos clave, para reflejar algunos de los tópicos que existían en la sociedad donde vivió Marie Curie y que aunque cueste reconocer, siguen presentes cien años más tarde.

#Lugar de la mujer, #hacer lo que se debe, #culpabilidad

En la sociedad en la que vivió Marie Curie se educaba a la niñas para ser mujeres relegadas básicamente al ámbito doméstico cuidando de la familia, primero a la de sus padres y luego a la de sus hijos. Marie Curie tuvo suerte de nacer en una familia con educación académica y cuya madre había trabajado a pesar de tener familia propia. Los padres de Manya Sklodowska (nombre de soltera de Marie Curie) tuvieron siempre la preocupación de proporcionar una educación académica e igualitaria entre sus hijas y su hijo. Este tipo de educación fue clave para que Manya Sklodowska siguiera su determinación para desarrollar y aprovechar el don que en sus propias palabras sabía ella que poseía.

Rosa Montero encuentra claros indicios de culpabilidad en las reflexiones de Marie Curie por nohacer lo que se debe. En el fragmento de una de las cartas de Manya a su hermana que Rosa incluye en el libro, se refleja la culpabilidad que Manya siente por no quedarse con su padre anciano en Polonia y a cambio seguir su vocación académica en Francia (en Polonia la educación superior estaba prohibida para las mujeres). Más adelante convertida en Marie Curie y con dos hijas pequeñas, la culpabilidad se refleja de nuevo en sus escritos, esta vez por no ser una super woman y conseguir trabajar intensamente en el laboratorio a la vez que cuidar de sus hijas pequeñas. Rosa Montero acierta aquí en subrayar que el sentimiento de culpabilidad es tradicionalmente femenino y lo sufrían indiscutiblemente aquellas mujeres de antaño que se atrevían a seguir sus deseos pensando que así descuidaban sus obligaciones de mujer. Al leer estas líneas pensé en lo presente que esta aún hoy por hoy el sentimiento de culpabilidad. No es fácil eludir este sentimiento para aquellas mujeres que deciden seguir una carrera científica con ambición y empeño debido a que los viajes y estancias en el extranjero que eso comporta, implica alejarse físicamente primero de la familia de sus padres y más tarde conseguir un buen equilibrio en su propia familia. Así pues, los “velos pegajosos como telas de araña” de culpabilidad que aún nos quedan según Rosa Montero a las mujeres de hoy en día, son en realidad en mi opinión de cola de impacto.

Pero Marie Curie no dejó que su dedicación y sacrificio por la familia cortara las alas a su vertiente científica; ¿Tuvo Marie Curie un apoyo superior o más beneficioso para poder seguir su carrera de el que tienen algunas mujeres científicas hoy? En mi opinión, sí.

Pierre y Maire Curie en su laboratorio (Wikipedia France)

Nuestra sociedad esta llena de hipocresía y aunque queramos pensar que somos muy modernos como se suele decir, cuando hay que seriamente hacerse cargo del ámbito doméstico, los hombres son más reacios a hacerlo aludiendo a que en su mundo laboral no se aceptará. A su vez, las mujeres ven de manera natural sacrificar su rendimiento en el terreno profesional sin cuestionarse que igual lo natural no es natural sino costumbre. Así pues, los hombres que rodearon a Marie Curie en su familia fueron unos adelantados no sólo para su época sino también para la nuestra. Su padre por proveer una educación completamente igualitaria y dejar que sus hijos se marcharan lejos alcanzando metas que no eran posibles en ese momento en Polonia aunque eso significara estar solo. Su marido Pierre, por considerar que su esposa fue científica antes que madre. Pierre no se imaginaba la vida en el laboratorio sin su compañera, quien a pesar de ser madre, continuaba siendo científica y Marie en sus mismas palabras declara que para ella habría sido muy doloroso tener que abandonar el laboratorio. Por si no fuera poco, el matrimonio Curie recibió la ayuda doméstica de manos de un hombre una generación mayor que ellos, el padre de Pierre.  El suegro de Marie Curie que por entonces acababa de enviudar, no respondió con argumentos como los que aún hoy en día se oyen a veces ¨a mi no me educaron para esto¨ cuando le pidieron que les ayudara cuidando a las niñas pequeñas.

Desafortunadamente, hasta la actualidad aquellas medidas que se han tomado en el ámbito de la ciencia para mejorar la participación de la mujer, se han destinado al problema más obvio, el de la maternidad y por lo tanto han sido dirigidas a las mujeres. Al no contemplar la paternidad en igualdad a la maternidad, estas ayudas, aunque útiles continúan reafirmando la conexión de mujer y ámbito doméstico, ayudando  así a la desigualdad. Esperemos que no necesitemos cien años más para igualar maternidad y paternidad, tanto mujeres como hombres saldríamos ganando.

#ambición

A día de hoy, la sociedad continua juzgando con más dureza a aquellas mujeres que destacan en el terreno profesional. Cuando una mujer destaca en el ámbito profesional, se analiza frecuentemente su vida personal para ver si este éxito ha comportado un fracaso en el ámbito privado como para justificar que no se puede tener éxito en ambos. En los hombres este análisis no se suele hacer, simplemente se acepta de manera natural su ambición profesional independientemente de sus opciones en el ámbito privado. Tal y como relata Rosa Montero en el libro, el affair de Marie Curie con Paul Langevin es un claro ejemplo de este tipo de actitudes. A pesar de que el adúltero era él, la sociedad culpó exclusivamente a Marie Curie quien a causa del considerado escándalo, a punto estuvo de perder el segundo premio Novel, el de química esta vez en 1911.

Empecemos a ser conscientes de nuestras actitudes y tengamos en cuenta sólo lo que hay que valorar sin pararnos en el género. Estemos atentos a nuestro entorno y cuando veamos que alguien esta renunciando a luchar por sus sueños, por lo que le pertenece, por un nuevo reto, ayudémosle a encontrar el nivel de ambición necesaria para superar esa barrera que de manera natural se nos ha impuesto por educación o por presión social. Seguramente muchas mujeres y seguro que también algún hombre podrán llegar más lejos.

#mutante, #raros

Llegada de Marie Curie a París 1891, para estudiar en La Sorbona (Getty Images)

Nadie va a reconocer que considera que una buena científica deba ser alguien digamos físicamente poco atractivo, pero el lanzamiento por la Comisión Europea del video para atraer a las jóvenes a la carrera científica, demuestra que estos estereotipos están aún al orden del día ( →ver vídeo ). Por suerte la Comisión Europea retiró dicho video en frente a la avalancha de críticas recibidas. Claro está que en el aire aún se respira la correspondencia entre el triunfo de una mujer y su rareza, su masculinidad, su fracaso como mujer, sobretodo en el campo científico y tecnológico. Este aspecto es el que refleja de manera más clara que feminidad y ciencia están reñidas. Imagino que este tipo de actitudes responden a que como tradicionalmente la ciencia la hacían los hombres sólo se admitía la intrusión de una mujer si ésta era parecida a un hombre. Parece que los científicos deberían ser individuos especialmente racionales y capaces de tener sólo en cuenta los hechos, es decir, la valía de un investigador y no su aspecto. El testimonio de Albert Einstein describiendo el aspecto físico de Marie Curie y de su hija Irene que Rosa Montero incluye en el libro, nos demuestra que ni las mentes más privilegiadas se escapan de esta actitud sesgada e injusta.

Ojala tenga razón Rosa Montero cuando dice: “los ambientes revolucionarios siempre han sido favorables al avance de las mujeres; los momentos socialmente anómalos dejan fisuras en el entramado convencional por donde se escapan los espíritus más libres”. A ver si podemos aprovechar esta crisis para educar, reconocer, valorar en las mujeres aquellas cualidades que les permitan ser lo que deseen y no lo que deben, al igual claro esta que en los hombres. Reconozcamos aquellas cualidades que se encuentran más a menudo en las mujeres y que deberían ser más valoradas en ciencia, ayudemos a tomar actitudes para progresar juntos de una manera más justa, y finalmente desterremos de una vez algunas actitudes retrógradas basadas en cuestiones falsamente naturales y seamos todos un poco más racionales.

*Sigue atento este blog si estas interesado en leer sobre Mujeres en la Ciencia.

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