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La música, el hilo que a veces se teje entre cerebro y corazón

Por Elena Casacuberta

¿El corazón me pesaba? No, debería pesarme pero no era capaz de notarlo. La cabeza me pesaba, este peso sí que lo notaba. La cabeza llena de los pensamientos de los últimos días. No, tampoco llegaban a ser pensamientos, más bien imágenes, recuerdos, sonidos, situaciones…La voz de su madre llamándolo, la voz de su padre avisándolo, la voz de su hermana quejándose. La voz de mi hijo gritando su nombre. Imágenes imaginadas del accidente, imágenes imaginadas del desenlace. Repaso a la llegada de la noticia, las horas después, los días después. Los razonamientos de por qué no puedo estar triste, shock, otras obligaciones, el día a día no se para, mi cabeza esta ya demasiado llena.  Mi corazón aun sin notar peso. ¿Cómo puede ser?

Mi sesión de yoga, una película, mi espacio, sola al fin con mis pensamientos. Me siento agotada, mi cabeza esta cansada, tumbada en el sofá divago sobre nada especial…en la nada llena.

Mick Flannery canta Safety Rope, su voz entrecortada y melancólica cantando be my safety rope tonight.

Percibo un fino hilo que se va tejiendo entre mi cerebro y mi corazón, Empiezo a notar mi corazón, lo noto físicamente, un peso parece haberse instalado ahí, confiada que no sean unas cuantas moléculas de colesterol, me hago consciente de la sensación, la estudio.

Me doy cuenta que no solo noto el corazón, sino también mi garganta. Un nudo en la garganta, eso es, que grafica y acertada es esta expresión.

La música sigue su curso, escucho y me dejo llevar. El hilo ya no es tal sino que se ha transformado en una cuerda, una cuerda de material burdo que me rasca el pecho, la garganta y el interior de mi cerebro. Creo que me ahogo. Sin saber como las lagrimas empiezan a salir de mis ojos, me queman las mejillas. Luego, su rastro me deja una sensación fría que renueva mi sensación de malestar. La canción se acaba pero el proceso no se interrumpe durante un rato, las otras canciones me acompañan en mi desahogo. Poco a poco los nudos que me oprimían el pecho se han ido desvaneciendo, la cuerda se deshilacha, mi corazón parece pesar menos. Mi cabeza esta aun más agotada pero ahora sin pensamientos, ni imágenes, tranquila.

Busco explicaciones a este fenómeno, la música ha sido mucho más efectiva que los pensamientos, conversaciones, imágenes y sensaciones de todo la semana. ¿Cómo lo ha conseguido? Busco la respuesta en distintos lugares, desde diferentes puntos de vista.

En la psicología encuentro algunas pistas muy mecánicas como la de John Sloboda, psicólogo inglés que publicó The musical mind: Cognitive psychology of music (Oxford University Press 1985). “Las respuestas emocionales son causadas por confirmaciones y violaciones de las expectativas de quien escucha: cuando esperamos que la melodía vuelva a la tónica, tanto el retraso como su efectiva llegada producen una respuesta emocional”.

¿Así pues, todo este desahogo podría ser explicado porque la canción que escuchaba tiene una buena combinación de notas melódicas (que responderían a la perfección a mis expectativas) y notas fuera del tono principal (que frustrarían las expectativas)? Una simple-compleja excitación cerebral provocada por una adecuada combinación de notas.

En el psicoanálisis veo que Lacan añadió la pulsión invocadora (el oído), demostrando que la música o el placer auditivo son una pulsión psicológica no biológica que necesita ser satisfecha.

En la antropología descubro que Darwin propuso que la música podría ser la evolución de nuestros sonidos de especie más primitivos, los lloros, las risas, los gritos de dolor, de rabia y los suspiros entre otros. Al escuchar música conectamos con nuestras memorias más primitivas desatando las emociones de esta misma naturaleza.

En la neurociencia entiendo un poco donde reside el poder de la música. Resulta que la música activa muchas zonas distintas en nuestro cerebro provocándonos esta nube de sensaciones complejas. Escuchando música se activa además del córtex auditivo, el sistema límbico en la amígdala y el córtex pre-frontal, los centros de la memoria, las neuronas motoras (nuestros dedos, nuestros pies, nuestras caderas responden de manera impulsiva dependiendo del ritmo o la melodía). Incluso el córtex visual se activa de menara inevitable construyendo imaginando escenas.

Me quedo un poco más tranquila pero ni el conjunto de las cuatro explicaciones me hace comprender porque  la música nos conmueve desde lo más profundo. Claro esta que la música nos ayuda a aliviar una sensación provocada por un hecho real, o en otras ocasiones nos evoca a emociones guardadas en el interior alimentadas por la memoria, por nuestro imaginario y nuestro inconsciente, pero me gustaría comprender más cómo lo hace.

Más descansada pero consciente que necesitare muchas más sesiones musicales, me levanto y pongo a Cecilia Bartoli cantando el aria de VivaldiSposa son disprezzata, y sigo con Oh let me weep de Purcell y le seguirán más, muchas más para poder ir tratando la tristeza de su muerte …

Pintura Music de Gretzky

¿Ciencia para hombres y ciencia para mujeres?

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Releyendo la polémica declaración de Randy Sheckman, Premio Nobel de Medicina de este pasado año 2013, me crucé con las declaraciones de otro importante científico, Peter Lawrence (premio Príncipe de Asturias 2007).

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MUJERES EN LA CIENCIA: Biografías de mujeres científicas

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El pasado mes de Marzo en el número que la revista Nature dedicó a las mujer (Women’s work), Patricia Fara reflexionaba sobre cómo las biografías de las mujeres científicas demuestran el sesgo que todos llevamos aún tan interiorizado. Sorprende que incluso aquellos autores que estudian con atención la vida y obra de mujeres científicas, caigan en ciertos estereotipos continuados que no ayudan a la hora de traspasar a la sociedad el valor de la mujer en la ciencia en el pasado y en la actualidad.

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